Mi corazón en duelo
solitario se pierde
descalzo por la nieve.
Mi soledad, mi sueño.
Eres sólo un imán
de afanes y ternuras.
Adoro en ti, mujer,
mis soledades juntas.
Canto del marinero
en su canto perdido
-vino, mujer y olvido-
no en la mar sin sendero.
Uno mismo disuelto
en la voz no emitida.
Oye mi voz, te mira:
yo callo para hablarte.
De par en par abierta
ventana sobre el mar.
De sí teje la araña,
y yo, mi soledad.
Como espina en la rosa,
soledad, soy tu sombra.
Luis Cardoza y Aragón (1901-1992)